He dejado para el final las piezas centrales de mi contribución a Kaleidoskopik. Es la primera vez que expongo este trabajo. Podemos considerar estos dos collages digitales una obra en proceso. Lo que hoy es un díptico empezó siendo un solo panel, el de la derecha, con el título L'Amoroso, como el concierto de Vivaldi, cuya escritura autógrafa sirve de fondo; aunque probablemente terminará siendo un tríptico, donde faltaría el panel central, mayor que los laterales. En un primer vistazo, encontramos en ambas piezas elementos comunes: el planeta tierra, que ocupa la misma posición, el personaje femenino, como dadora del amor y la poesía, y un fondo de partitura, con escritura autógrafa, aquí, textual, y allí, musical. El tema del conjunto es el amor y la poesía, como ya he sugerido (véase la entrada anterior de este blog). Leamos estas dos piezas de izquierda a derecha:
En el panel de la izquierda, que podríamos llamar El ajedrez, el personaje alza la mirada hacia nosotros, nos interpela ante un mundo invadido por piezas de ajedrez gigantescas —obsérvese que la únicas piezas que vemos son las más poderosas—; es decir, el mundo como tablero donde se libra la partida que deciden las élites. Esto no quiere decir que no haya peones, sino que han sido borrados, o las otras piezas se alzan directamente sobre ellos. El gesto de desvalimiento del personaje nos induce a reflexionar sobre qué puede la poesía, si tan solo parece sostener una insignificante cinta de palabras en un contexto de desproporción y desigualdad. Y, sin embargo, esa cinta es un hilo de Ariadna que puede ayudarnos a encontrar la salida del laberinto en el que nos hemos metido como especie. Al menos, así lo creo. Todo esto sucede sobre un fondo de escritura en borrador, porque la poesía viene de la reflexión y de la búsqueda consciente, antes que de la iluminación. «El amor y la poesía son mi gran recompensa», leemos como conclusión en la escritura del fondo.
Cuando tiramos de este hilo de Ariadna, lo que hallamos está representado como alegoría en el panel de la derecha o L'Amoroso: la belleza, la armonía, la suavidad de las formas, también deben leerse en profundidad, porque hablan de atención, de cuidado, de acompañamiento, de consuelo y de esperanza. El amor y la poesía realizan un movimiento a favor de la rotación del planeta. Estamos hablando pues de ecologismo, de feminismo, de pacifismo, de vivir en un mundo donde nadie es más que nadie. Quizá alguien vea en todo ello un exceso de buenismo inocuo, pero lo que verdaderamente subyace a estas imágenes, y a toda forma de arte en general, es un llamamiento a la deserción. El amor y la poesía comparten, sobre todo, que son dos formas de ruptura: reordenan el mundo en el sentido de que lo ponen patas arriba y, lo que es más importante, se basan en la integración de lo que es radicalmente otro. La deserción por tanto se da en el campo de lo igual a sí mismo; es decir, en el ámbito dominado por la alienación tecnológica, la futilidad, la inmediatez, la imposibilidad de asimilación y, en consecuencia, la manipulación. El tempo reposado del amor y la poesía se opone a la catarata incontenible y el enturbiamiento de la información. En definitiva, inteligencia emocional versus inteligencia artificial. Desertar para conservar un ápice de humanidad.



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